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viernes, 10 de julio de 2009

El Culto de Eguns o Egunguns en el Candomble.

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El CULTO DE EGUNS EN EL CANDOMBLÉ

egungun2Los negros yorubas originarios de Nigeria trajeron a Brasil el culto de sus ancestrales, llamado Eguns o Egúnguns.
En Itaparica (BA), dos sociedades perpetúan esa tradición religiosa.

(Revista Planeta n.º - marzo del 86).

Los cultos de origen africano llegaron junto con los esclavos a Brasil.
Los “yorubas“- uno de los grupos étnicos de Nigeria, resultado de varias agrupaciones tribales, tales como Ketu, Oyó, Ijexá, Ifan e Ifé, de fuerte tradición, principalmente religiosa - nos enriquecieron con el culto de divinidades denominadas genéricamente de orixás.
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(1 - por razones gráficas y para facilitar la lectura, los términos en idioma yoruba fueron portuguesadas ciertas palabras del culto. Ej.: Òrìsà= orixá.)
Esos negros “yorubas” no sólo adoran y rinden culto a sus divinidades, sino también a sus ancestrales, principalmente los masculinos.
La muerte no es el punto final de la vida para el yoruba, porque él cree en la reencarnación (àtúnwa), es decir, la persona renace del mismo seno familiar al cual pertenecía; ella revive en uno de sus descendientes.
La reencarnación se realiza en ambos sexos; es un hecho terrible y penoso para ellos no reencarnar.
Los muertos del sexo femenino reciben el nombre de Iami Agbá (mi madre anciana según el culto candomble), pero ellos no son individualmente venerados.
Su energía como ancestral se aglutina de una manera colectiva y es representada por Iami Oxorongá(denominado así por el culto candomble en IFA tradicional es conocido como ÌYÁÀMI ÒSÒRÒNGÁ), también llamada: Iá Nlá, la gran madre.
Esta inmensa masa de energía que representa el poder de la ancestralidad colectiva de lo femenino es venerada por la "Sociedad Geledê", compuesta exclusivamente por mujeres, y sólo ellas detectan y manipulan este peligroso poder.
El miedo del enojo de Ìyáàmi en las comunidades es tan grande que, en las fiestas anuales en Nigeria en honor al poder femenino ancestral, los hombres se visten de mujer y usan máscaras con características femeninas, bailan para calmar el enojo y mantener, entre otras cosas, la armonía entre el poder masculino y el femenino.
Además de la Sociedad Geledê, existe también en Nigeria la Sociedad Oro.
Éste es el nombre dado al culto colectivo de los muertos masculinos cuando no son individualizados.
Oro es una divinidad así como ÌYÁÀMI ÒSÒRÒNGÁ, siendo considerado el representante general de los antepasados masculinos y venerado solamente por hombres.
Tanto Ìyáàmi cuanto Oro son manifestaciones del culto a los muertos.
Son invisibles y representan a la colectividad, pero el poder de Ìyáàmi es más grande y, por consiguiente, mas controlado, inclusive, por la Sociedad Oro.
Otra forma, y más importante de culto a los ancestrales masculinos, es elaborada por las " Sociedades Egúnguns."
Éstas tienen como finalidad celebrar ritos a hombres que fueron figuras destacadas en sus sociedades o comunidades, cuando vivos, para que ellos continúen presentes entre sus descendientes de forma privilegiada, manteniendo en la muerte su individualidad.
Estos muertos aparecen de manera visible pero camuflado, la verdadera respuesta religiosa de la vida después de la muerte, denominada Egun o Egúngun.
Sólo los muertos del sexo masculino hacen apariciones, porque sólo los hombres poseen o mantienen la individualidad; a las mujeres le es negado este privilegio, así como el de participar directamente del culto.
Esos Eguns son venerados de forma adecuada y específica por su sociedad, en lugares y templos con sacerdotes diferentes de los de los orixás u Òrìsàs.
Aunque todos los sistemas de sociedad que conocemos sean diferentes, el conjunto forma una sola religión: la yoruba.
En Brasil existen dos de esas sociedades de Egúngun, cuyo tronco común se remonta al tiempo de la esclavitud: Ilê Agboulá, la más antigua, en Ponta de Areia, y una más reciente y ramificación de la primera, o Ilê Oyá, ambas en Itaparica, Bahia.
El Egum es la muerte que vuelve a la tierra en forma espiritual y visible a los ojos de los vivos. Él "nace" a través de ritos que su comunidad elabora y de las manos de los Ojé (sacerdotes), unidos de un instrumento invocatorio, un bastón llamado "ixã", que, tocando en la tierra 3 veces y acompañado de palabras y gestos rituales, hace que la "muerte se transforme en vida", y el Egúngun ancestral individualizado esté de nuevo "vivo".
La aparición de los Eguns está rodeada de misterio, diferente al culto de los Òrìsàs, en el cual el trance se sucede durante las ceremonias públicas, delante de ojos profanos, de fieles y de iniciados.
El Egúngun simplemente surge en el salón, causando impacto visual y usando la sorpresa como rito.
Se presenta con una forma corporal humana totalmente recubierta por una ropa de tiras multicolores, que caen desde la parte superior de la cabeza formando una gran cúmulo de telas, debajo de la cual no se ve ningún vestigio de lo que es o de quien está bajo esa ropa.
Habla con una voz gutural, inhumana, ronca y, a veces, aguda, metálica y estridente - característica de Egun, llamada de séègí o de sé, y que está relacionada con la voz del mono marrón, llamado ijimerê en Nigeria.
Las tradiciones religiosas dicen que bajo la ropa está solamente la energía del ancestral; otras corriente afirman que bajo las telas está algún meriwo (iniciado en el culto de Egun) bajo trance.
Pero, contradiciendo la ley del culto, los mariwo no pueden caer en trance, de cualquier tipo que sea.
Sea como sea, Egun está entre los vivos, y no se puede negar su presencia, energética, pues las ropas están allí y ahí está el Egun.
La ropa del Egun - llamada de eku en Nigeria o opá en Bahía - o el Egúngun propiamente dicho, es altamente sacra y sacrosanta y, por dogma, ningún ser humano puede tocarla.
Todos los mariwo usan el ixã para controlar a la muerte, allí representada por los Eguns.
Ellos y los asistentes no deben tocarse, pues, como se dice en los dichos populares de esas comunidades, la persona que sea tocada por Egum se cargará negativamente y el peligro la rondará.
Esa persona deberá pasar por varios ritos de purificación para alejar los peligros de enfermedades o, tal vez, la propia muerte.
el Egun es la materialización de la muerte bajo las tiras de tela, y el contacto, aún un simple toque al pasar de esas tiras, es perjudicial E inclusive los sacerdotes más calificados - como los ojé atokun, que invocan, guían y celan a uno o más Eguns - desempeñan todas esas atribuciones sustituyendo la manos por el ixã.
Los Egum-Agbá (anciano), también llamados de Babá-Egum (padre), son Eguns que ya tuvieron sus ritos completos y permiten, por eso, que sus ropas sean más completas y sus voces sean liberadas para que ellos puedan conversar con los vivos.
Los Apaaraká son Eguns mudos y sus ropas son las más simples: no tienen tiras y parecen un cuadro de género con dos pantallas, una adelante y la otra atrás.
Esos Eguns todavía están en proceso de elaboración para alcanzar el status de Babá; son traviesos e imprevisibles, asustan y causan terror a la gente.
El eku de los Babá está dividido entres partes: el Abalá, que es un armazón cuadrado o redondo, como si fuese un sombrero que cubre totalmente la extremidad superior del Babá, y de la cual caen varias tiras de telas coloridas, formando una especie de volados con tiras a su alrededor; el kafô, una túnica de mangas que acaban en guantes, y piernas que acaban igualmente en zapatos; y el banté, que es una tira de tela especial agarrada en el kafô e individualmente decorada y que identifica al Babá.
El banté, que fue previamente preparado e impregnado de axé (fuerza, poder, energía transmisible y acumulable), es usada por el Babá cuando está hablando y bendiciendo a los fieles.
Él lo sacude en dirección a la persona y hace gestos con las manos que simulan el acto de agarrar algo, en ese caso el axé, e incorporarlo.
Al contrario del toque en la ropa, este acto es altamente benéfico. En Nigeria, los agbé-Egun llevan el mismo tipo de ropa, pero con algunos aditamentos: unos usan sobre el alabá, mascaras esculpidas en madera llamadas erê Egúngun ; otros, entre los albá y el kafo, usan pieles de animales; algunos Babá portan en la mano el opá iku y, a veces, el ixá. En estos casos, la ira de los Babás es representada por esos instrumentos litúrgicos.
Existen varias calificaciones de Egun, como Babá y Apaaraká, según los ritos, y entre los Agbá, según sus ropas, parámetros y maneras de comportarse. Las calificaciones, en verdad, son extensas.
En las fiestas de Egúngun, en Itaparica, el salón público no tiene ventanas, y, después que los fieles entran, la puerta principal se cierra y sólo se abre al final de la ceremonia, cuando el día ya está clareando.
Los Eguns entran en el salón a través de una puerta secundaria y exclusiva, único lugar de unión con el mundo externo.
Los ancestrales son invocados y ellos rondan por los espacios físicos del lugar.
Varios amuxã (iniciados que portan el ixã) funcionan como guardias esparcidos por el lugar y en sus límites, para evitar que algunos Babá o los peligrosos Apaaraká escapen a los ojos atentos de los ojés, salgan del espacio delimitado e invadan los alrededores no protegidos.
Los Eguns se invocan en otra construcción sacra, cerca pero separada del gran salón, llamada de ilê awo (casa del secreto), en Bahia y igbo igbalé (bosque de la selva), en Nigeria. El ilê awo está dividido en una antesala, donde solamente los ojé pueden entrar, y el lèsànnyin o el ojê agba entran.
Balé es el lugar donde están los idiegungum, los asentamientos - estos son elementos litúrgicos que, asociados, individualizan e identifican el Egun allí venerado - y el ojubô-babá, que es un agujero hecho en la tierra, rodeado de varios ixã, los cuales, parados, delimitan el lugar.
En los ajubô se colocan ofrendas de alimentos y sacrificios de animales para el Egun que es venerado o invocado.
En el ilê awo también está el asentamiento de la divinidad Oyá, en su cualidad de Igbalé, o sea, Oyá Igbalé - la única divinidad femenina venerada, simultáneamente, por los adeptos y por los propios Eguns.
En el balé los ojê atokun van a invocar el Egun elegido directamente en el asentamiento, y es en este lugar que el awo (secreto) - el poder y el axé de Egum - nace a través del conjunto ojê-ixã/idi-ojubô.
La ropa toma cuerpo y Egum se torna visible a los ojos humanos.
Después que salen del ilê awo, los Eguns son conducidos por los amuxã hasta la puerta secundaria del salón, entrando en el lugar donde los fieles los esperan, causando espanto y admiración, pues ellos llegaron allí llevados por las voces de los ojê, por el sonido de los amuxã, blandiendo los ixã por el suelo y a los gritos de saludo y repiques de los tambores de los alabê (tocadores y cantadores de Egum). El clima es realmente perfecto.

El espacio físico del salón se divide en sacro y profano.

El sacro es la parte donde están los tambores y sus alabê y varias sillas especiales previamente preparadas y elegidas, en las cuales los Eguns, después de danzar y cantar, descansan por algunos momentos en compañía de otros, sentados o caminando, pero siempre unidos, el mayor tiempo posible, con su comunidad.
Este es el objetivo principal del culto: unir los vivos con los muertos.
En esta parte sacra, las mujeres no pueden entrar ni tocar las sillas, pues el culto es totalmente restricto a los hombres.
Pero existen raras y privilegiadas mujeres que son la excepción, como si fuese la propia Oyá; ellas son generalmente iniciadas en el culto de los Òrìsàs y poseen simultáneamente ojê (puesto y cargo jerárquico) en el culto de Egun - estas posiciones de gran relevancia causan envidia a la comunidad femenina de fieles.
Son estas mujeres que celan por el culto, fuera de los ministerios, confeccionando las ropas, manteniendo el orden en el salón, respondiendo a todos los cánticos y conduciendo algunos especiales, en los que solamente ellas tienen el derecho de cantar a los Babá.
Antes de iniciar los rituales para Egun, ellas hacen una ronde para danzar y cantar en honor a los Òrìsàs, después de este saludo ellas permanecen sentadas con las otras mujeres.
Ellas funcionan como eslabón de unión entre los atokun y los Eguns al transmitir sus mensajes a los fieles.
Ellas conocen todos los Babá, sus modos de ser y sus manías, y saben como agradarlos.
Este espacio sagrado es el mundo del Egun en los momentos de encuentro con sus descendientes.
La gente está separada de este mundo por los ixã que los amuxã colocan estratégicamente en el suelo, haciendo así una división simbólica y ritual de los espacios, separando la "muerte" de la "vida".
Es a través del ixã que se evita el contacto con el Egum: él respeta totalmente el precepto, es el instrumento que los invoca y los controla.
A veces, los mariwo son obligados a detener el Egum con el ixã en el pecho, tal es la voluptuosidad y la tendencia natural que él tiene de ir al encuentro de los vivos, siendo preciso, una que otra vez, que el propio atokun tenga que intervenir rápida y ríspidamente, pues es el ojê que por el cela y lo invoca, por el cual él tiene gran respeto.
El espacio profano se divide en dos lados:
A la izquierda están las mujeres y niños y a la derecha, los hombres.
Después que Babá entra en el salón, comienza a cantar sus cánticos preferidos, porque cada Egun en vida pertenecía a determinado Òrìsà.
Como dice la religión, toda persona tiene su propio Òrìsà y esta característica se mantiene en el Egun.
Por ejemplo: si alguien en vida pertenecía a Sàngó, cuando muere y viene con Egun, él tendrá en sus vestiduras las características de Sàngó, tirando a los colores rojo y blanco. Portará un oxê (hacha de lámina doble), que es su insignia, pedirá a los alabês que toquen el alujá, que también es el ritmo preferido de Sàngó, y danzará al son de los tambores y de las palmas entusiastas y excitadamente marcadas por los oiê femeninos, que también responderán a los canticos y exigirán la misma animación de las otras personas allí presentes.
Babá también danzará y cantará sus propias músicas, después de haber tocado a todos y ser bastante reverenciado.
Conversará con los fieles, hablará en un posible yoruba arcaico y su atokun funcionará como traductor.
Babá-Egun comenzará preguntando por sus fieles más frecuentes, principalmente por los oiê femeninos; después por los otros y finalmente será presentado a las personas que están allí por primera vez.
Babá estará orientando, bendiciendo y castigando, si fuera necesario, haciendo el papel de una verdadero padre presente entre sus descendientes para aconsejarlos, manteniendo así la moral disciplina común a sus comunidades, funcionando como verdadero mediador de las costumbres y de las tradiciones religiosas y laicas.
Finalizando la conversación con los fieles y ya habiendo visto a sus hijos, Babá-Egun parte, la fiesta termina y la puerta principal se abre: el día ya amaneció. Babá partió, pero continuará protegiendo y bendiciendo a los que fueron a verlo.
Esta es una breve descripción de Egúngun, de una fiesta y de su sociedad, no detallada, pero suficiente para un primer y simple contacto con este importante lado de la religión.
Y también para
comprender la muerte y la vida a través de los ancestros veneradas en esas comunidades de Itaparica, como un reflejo de la sobrevivencia directa, cultural y religiosa de los yorubas de Nigeria.






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